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sábado, abril 03, 2010

Alma de Profeta.

A veces, cuando me aburro, me da por hacer test de IQ. Mi parte favorita es la de las series numéricas: hay algo mágico en el proceso de desmembramiento en una secuencia, y un dejo de satisfacción cuando se descubre el patrón, y el número consecutivo.

Como el proceso es integral, te descubres aplicándolo a otros aspectos de tu vida y comienzas a cazar patrones. "Sobreanálisis", dirían algunos, con o sin desdén, mientras otros se burlan de cómo "crees saber lo que otra gente piensa"... asunto que molesta cantidad, pero abona una cantidad generosa de satisfacción a la ya obtenida cuando el destino falla a tu favor, pues pocas delicias como los "te lo dije"s, superadas sólo quizás por la magnanimidad manifiesta cuando, pudiéndolos decir, te los guardas.

En un arranque de curiosidad, me dí un chapuzón por mis archivos lejanos. Redescubrí este cuento.
No pude evitar sentir una especie de satisfacción al tener ahora la certeza que descubrí el funcionamiento casi casi minucioso del mecanismo, casi casi desde el principio... aunque esta satisfacción no compensa en mucho la pérdida, y el hecho de que el "te lo dije" vaya para uno mismo no ayuda.

Tres años se tardó la certeza en llegar esta vez. A veces tarda menos, más, mucho menos o nunca llega. Por si acaso, y para invertir en acciones de satisfacción a futuro habré de ventilar los mecanismos que acabo de descubrir, siendo el primero que ella planeó acostarse con él desde la penúltima vez que vino - si no es que antes, si no es que desde que andábamos. Él nunca la consideró, pero la tenía ahí como backup plan en caso que lo mío no cuajara. No cuajó. La tomó para hacerme escarmentar. Me desaparezco del mapa y con ello sus razones para estar con ella. Es posible que la deje en breve... si no es que lo hizo ya. La segunda va por el tinte de la primera. Él me ama a mí, yo lo amo a él... pero hay circunstancias que nos hacen sentir inseguros el uno del otro. Yo le hago drama. Él se busca un backup plan. Su backup plan está en el trabajo, siendo positiva sobre la ambigüedad y creyendo que su amor es correspondido, cuando en sí él sólo se siente halagado, tal vez seguro allá cuando por acá explotamos. Quizá en el futuro lo considere... cuando lo nuestro ya no funcione. Pero funciona, y funciona muy bien así que a esperar sentados :)

domingo, marzo 28, 2010

Yo tuve un tigre.

NINE (teníííía que ser f... aehh... italiano)

Hay varios clichés en los que cae todo escritor/comiquero/hilvanador-de-historias en algún punto de su vida, especialmente en los primeros de su oficio. Los más populares son incluírse a sí mismo - con o sin amiguis - en sus historias o, cuando no se le ocurre nada qué escribir, escribe una histora sobre cómo no se le ocurre qué escribir. Nine cumple con ambos.

La historia trata sobre un director de cine que tiene que hacer una movie y no se le ocurre de qué, básicamente porque toda la vida ha andado de prostituto con un millón de morras y su cabeza anda comprometida al 100 con el trabajo full time de esconderle a la esposa la existencia de las amantes, y de esconderle a cada una de las amantes la existencia de las demás... hasta que llega un punto en que no puede malabarear ya las circunstancias, las morras se dan cuenta, todas lo mandan al carajo, él se deprime y se va a vivir la vida del ermitaño sin nada y arrepintiéndose de sus pecados y queriendo arreglar las cosas con la esposa entonces hace una película de cómo anduvo viviendo de prostituto y cómo la película no le salía porque toda la vida ha andado de prostituto con un millón de morras y su cabeza anda comprometida al 100 con el trabajo full time de esconderle a la esposa la existencia de las amantes, y de esconderle a cada una de las amantes la existencia de las demás... hasta que llega un punto en que no puede malabarear ya las circunstancias, las morras se dan cuenta, todas lo mandan al carajo, él se deprime y se va a vivir la vida del ermitaño sin nada y arrepintiéndose de sus pecados y queriendo arreglar las cosas con la esposa entonces hace una película de cómo...etc, etc, etc.


SENTIDO COMÚN

Supongamos que estás pensando en tener una mascota. Tienes dos opciones: un Pastor Alemán o un Tigre Siberiano. ¿Cuál eliges?
El tigre siberiano impone, no es para cualquiera y en definitiva, al poseer uno, te desmarcarás. Es también muy posible que a la semana se haya tragado la mitad de tu sala y el 80% de tu salario en alimento, vacunas, manutención y reparaciones varias, es posible también que nunca de los nuncas su serpentezca cola se mueva de un lado a otro con alegría al verte llegar y que prefiera satisfacer sus instintos antes de hacerte caso, sea que esto te lleve entre las patas - o fauces- en el proceso o no. Tener a un tigre siberiano, decíamos, no es para cualquiera: requiere de alguien con devoción infinita y paciencia de hierro, pues su vida junto a semejante criatura se volverá mucho más demandante. Un pastor alemán, por el contrario, puede amalgamarse a la vida de una persona sin problema, y sin causar problemas. Sigue siendo una responsabilidad, pero sin hiperbólea magnitud.

La elección entre un animal u otro determina - cuando no se es excéntrico por naturaleza - nuestro nivel de sensatez. La elección más sensata, si se desea vivir en paz y armonía, es el pastor alemán... sin embargo, la conclusión práctica no deja de ser mucho más satisfactoria que la teórica: quien haya tenido un tigre, podrá no sólo ser capaz de decir "yo tuve un tigre", también valorará mucho más a su pastor alemán.


THAT'S WHAT SHE SAID (SIC version)

"...believe me, they want you to think they are clean and correct. they not. they are fake, unloyal double as everyone in the world, but the are coward, they 'll never speak cleary to you. i met here some italians guy, they have been leaving here for 9 years...u can't imagine what they told me, the are trying to leave the country. i'll personally kick the ass of next italian woman telling that nordic man are more serious then italian ones, and then better. here seems to be normal betray people. it happens, is hard to express, you should live here to understand. they are unable to have feelings, they don't stay with u when u are in need or troubl because u became a problem for them. they don't want any problem or stress. the quit. very easy relations, just saying it doesn't work anymore. stop. don't explain. don't express anything: at the first problem and they seems able to close feelings like they were water from a sink..."



THE SMIRK

Seguro te ha pasado. Te encuentras en una posición donde descubres un detonante. Una canción, una situación, una película, una obra de teatro.
Sabes que, con la situación indicada y las palabras indicadas, puedes utilizar dicha materia prima para quebrantarle el espíritu a alguien. Tal vez esa persona lo merezca, tal vez es por naturaleza una llamada de atención que, aunque fuerte y tirando a matar, no deja de ser justa. Tal vez eso es lo que hace de la situación una delicia. Tal vez llegue un punto en el que, con el arma en tus manos y sintiéndote todopoderoso, te debatas entre usarla, o no usarla... a fin de cuentas, todo quedó atrás... que no? Pero tal vez eso evite que se la piense dos veces cuando quiera hacerle lo mismo a alguien más... que no? Serás el villano más ruin. Y el justiciero más grande. Y en esas grandilocuentes ideas estás cuando el vato de la película termina bien y te ceba tu plan maligno. Nine: chinga tu madre.

sábado, enero 27, 2007

BedStory

- Te acompañaré esta noche, pero no pienso quedarme.

- Nadie se queda nunca.

- Y "Nadie" hace bien. Dícese que el cerebro procesa durante la noche lo que aprende durante la vigilia. Para ello debe descansarse.

- ¿Qué harás entonces?

- Te contaré un cuento para que te duermas, a fin de cuentas sigues siendo una niña. MI niña.

- ¿Tú contando cuentos?

- Esta era una vez...

- ¿TU? ¿Contando... CUENTOS?

- Ahem... Esta era UNAAA VEZZZZ

- Jaja... está bien, escucharé.

- Había una vez un peculiar planeta... como éste, donde habitaban personas variopintas... como en éste. Las había altas, bajas, rollizas, delgadas, morenas, blancas, masculinas, femeninas, viejas, jóvenes, etc, etc. Entre ellas, había una chica de singular belleza, piel nívea y largos rizos castaños. Un ángel bajó un día de los cielos y se enamoró de ella. Había otra bella joven... no tan bella como la anterior, pero aún bella. También poseía el corazón de un ángel. Y había otra no tan bella mujer que también lo poseía, y otra aún menos bella... y otra que era un pobre y triste batracio... y quien sabe y muchas tantas otras de las que no tengo gana de hacer cuenta porque ya me dió hueva contarte este cuento.

- jaja... ¡sabía que no aguantarías!

- Seh... el punto es que a todas ellas las unía una característica comunitaria: una hermosa sonrisa. Si la simetría facial de su rostro era o no agraciada, o si su masa corporal era o no idónea, poco importaba. La luminosidad de sus esencias emanaba de la sonrisa... y de esa alegría intrínseca que se adivinaba tras las fotografías de no-papel.

- Debe de ser asunto harto feliz el que un ángel baje de los cielos y te ame, ¿que no? Eso haría sonreir a cualquiera.

- Paradigmas, paradigmas.

- Tu sonrisa me da miedo, ¡no me mires sonriendo así!

- Los ángeles son a los colibríes lo que las sonrisas al néctar de las flores. Plano y simple. Ok, para que tu mente infantiloide no se haga bolas: Los ángeles se sienten inevitablemente atraidos por las sonrisas... y se alimentan de ellas. Y las mujeres de nuestra historia tienen un curioso mecanismo tras la cara que les hace funcionar las gesticulaciones: un líquido salado es el que les lubrica los engranes de la sonrisa. De repente la válvula se les quiebra, y el líquido se les escurre hacia fuera por los ojos. Puede ocurrirles por muchas razones, pero generalmente pasa cuando se enamoran perdidamente de su ángel. Y como los seres vivos necesitan alimentarse para vivir, ahí tienes que, con congoja o sin ella - yo estoy muy lejos de ser un ángel, por lo tanto no sé cómo es que ellos piensan - el ángel le brinca a la próxima sonrisa lumínica que ve por la periferia, y se queda ahí hasta que se rompe y deja de proveer, luego le brinca a la siguiente, y a la siguiente... y a la siguiente... y esa es la historia de la ciclicidad.

- ¿Y qué pasa con las mujeres de la válvula rota?

- Se quedan rotas. A veces, con el tiempo, vuelven a funcionar... pero nunca como en un principio.

- ¿Y si hacen un cambio total de mecanismo?

- Está cabrón hacer un cambio total de mecanismo... pero bueh... me supongo que sí.

- ¿Y si la válvula nunca se rompiera, el ángel se quedaría con ella para siempre?

- Eso nunca sucede.

- ¿Y si sucediera?

- Hmmm... supongo que eventualmente se enfadaría de la comida de siempre y buscaría variedad... cosa que haría que se rompiera la válvula. Las válvulas presienten cuando su trabajo es vano y hasta eso tienen su orgullo, de ahí que se autodestruyan. De hecho, la simple idea, ni siquiera el hecho concreto... la simple idea es la principal razón de ruptura de válvulas en este nuestro planeta de cuento.

- ¿Por qué todo tiene que ser tan crudo y triste en tus historias?

- Haces demasiadas preguntas.

- ¿Por qué demasiadas?

- No se... muy probablemente porque, como diría el batiduende, hay una parte de tí que quiere seguir creyendo. Se llama Esperanza. Y es muy estúpida.

- ¿Por qué es estúpida?

- Ya me voy...

- ¿Por qué es estúpida? ¡Díme! ¡No te atrevas a cruzar esa puerta sin decirme!

- Te contaré otro cuento sobre la ciclicidad: Esta era una vez una niña totalmente estúpida que mató a su angel de la guarda porque se enamoró de un conductor de radio rubiales, luego mató a un dios de plata porque se enamoro de un arquitecto rubiales, luego mató a su príncipe araña porque se enamoró de un dibujante rubiales, luego quiensabeaquienmierdas vaya a matar por enamorarse de un elfo rubiales, y quien sabe a quién matará en la posteridad por enamorarse de algún otro fulano rubiales y sabemos que lo va a hacer porque hay una parte de ella que quiere seguir creyendo, que se llama Esperanza... y es muy estúpida, lo cual la convierte en la serial killer de sueños e idealizaciones más rápida de occidente. Que tengas una buena noche.

- No me gustan tus historias, Kardott.

- Yo no cuento historias bonitas, nena... soy tu paranoia personificada. Sólo recuerda una cosa: nadie, nunca... te va a amar tanto como te amo yo.



... Y esa noche, la inocente niña soñó que un níveo ser de negra y larga cabellera le regalaba una rosa, para luego arrancársela de tajo, rasgándole sus pequeños dedos.

martes, junio 06, 2006

...

Tenía diecisiete inviernos cuando oí hablar de él por vez primera. Escuchaba leyendas que decían que ataviava de azules su frágil y cadenciosa complexión, mientras se paseaba por el treceavo piso de un edificio sin nombre. No presté mucha atención. Escuchaba ecos que vitoreaban sus habilidades histriónicas, la elegancia de su andar, la resonancia hechizante de su melodiosa voz... incluso había quien decía que podías ver un fragmento de los altos cielos con solo verle a los ojos .
Pero no fué hasta que lo supe nocturno, que comenzó a despertar mi curiosidad. Lo describían como a un ángel... pero era una criatura de la noche, constituyendo el cliché más delicioso que pueda explotarse en asunto de bilateralidad y yo, burlándome de mí misma por repetir el mismo patrón de siempre, me obligaba a concentrarme en mis asuntos personales antes de seguir sendas absurdas que a nada llevarían.

Fué cuando mis ánimos se colapsaron que tuve acercamiento con él. De la causa, poco o nada recuerdo, efecto secundario de la conversión... solo permanecen retazos de imágenes y ecos de sentidos: las luciérnagas que vivían en mis arterias, las mariposas que en mi vientre ya no revolotean, la sonrisa de esa niña pequeña que pintaba el camino de regreso a casa con el rojo de sus muñecas heridas, los gritos de su amiguita, que la cargaba histérica sin saber qué hacer con ella... y yo que elegía ver a los ojos de la pequeña moribunda en lugar de unirme a la gente horrorizada que se movia nerviosamente alrededor de la escena... y veía en esa mirada hacia la nada, en ese brillo que poco a poco se extinguía, la unidad del todo con la nada, la tranquilidad del que se libera, la serenidad de la última bocanada de vida, y al comprenderla por quitársela, en medio de aquél concierto de gritos y alaridos, descubrí mi petrificación, misma que se había gestado desde tiempo atrás cuando lloraba por menos que niñas muertas.

- Sé que te duele. Y mucho. Sé que tienes miedo. Se que no confías, que huyes de la confianza... que deseas morirte.
- ¿Quién eres?

Me dijo su nombre. Un nombre de cinco caras. Un nombre perteneciente a un idioma de hielo que arde con la intensidad del fuego. Su nombre era Luz.

- Irónico.
- Qué es irónico?
- Tu nombre.
- Qué tiene de irónico?
- Es el nombre de un ángel, y tu encanto es el de un vampiro.

Esboza una sonrisa triste.

- Quizá lo sea. Amo las ironías, y adoro las paradojas... son lo más cercano que tenemos a la Unidad. Cuando las dualidades se hacen uno, podemos ver la cara de Dios.
- La has visto?

Voltea a verme y me sonríe.

- La veo cada que miro al espejo, la veo en las cambiantes cortezas de los árboles, la veo en el fruir carmesí que me alimenta noche tras noche, la veo en tí en este momento.

Tenían razón aquellos que decían ver un fragmento de los Altos Cielos al internarse en las pupilas de aquél joven. Él tenía razón también. A través de sus ojos podía ver la vida y la muerte, y cómo ambas se hacían una a través de ese fluir carmesí que, de repente, me hacían adivinar a Dios a través de mi propio fluir, un fluir que pasaba cuidadosamente de mi garganta a la suya.
Apenas me dí cuenta.
Él reía. Reía con una melancolía dulce. Era la manifestación más exquisita de dualidad. Podías percibir el eco de todas las lágrimas que habían surcado sus mejillas, podías ver en sus adentro la tristeza que les confecciona de cuando en cuando, podías incluso verle llorar y nunca percibirlo al mismo tiempo tan fuerte y tan ajeno dentro de ese dolor tan inmenso, tan suyo, tan envolvente que lo protegía de la intemperie, y nada ni nadie en el planeta podría hacerle jamás daño alguno que fuese más allá de su cotidiano sufrimiento.
Aprendió, no sé cómo, a disfrutarlo.
Me enseñó, no sé cómo, a disfrutrarlo.

Las noches subsecuentes me reunía con él por las noches. Permanecíamos cantántole a la nada hasta entrada la madrugada. Yo no pronunciaba palabra, ni emitía sonido alguno. Me limitaba a seguir el sonido de su voz con el movimiento de mis labios, a sentir la vibración melancólica de su mensaje a través de los estertores en mis venas. Tan perfecta me parecía su melodiosidad, que se me antojaba una grosería profana hacerle dueto. Me cantó todas y cada una de sus canciones, me aprendí todas y cada una de sus letras. Escarbé su nombre en mi pecho con una navaja. Nunca se dió cuenta.

Un día, de repente, esas noches llegaron a su fin. En mi cotidianeidad había estado enamorada de un príncipe sin rumbo. Ahora ese príncipe parecía encontrarlo, y ese rumbo parecía guiarle a mí. Por derecho de antigüedad, acogí de nueva cuenta el sentimiento, y fué entonces que mi ángel nocturno desapareció. Seguía acudiendo a nuestro punto de reunión por las noches, pero él ya no estaba ahí. De cuando en cuando me parecía escuchar su voz en la distancia, y poco a poco dejaba de tener significado. Parecía haberme dejado en manos de mi recién adquirido cuento de hadas, para dejarme vivirlo en felicidad y armonía.

No pude.

A la segunda semana, me bebí al príncipe azul de un solo trago. Él, que en vampiros no cree, permanece alejado en algún rincón de su castillo, convenciéndose a sí mismo que fué él quien me dejó, y el dejo de cariño que alguna vez le tuve, y que quizá aún le tengo, desaparece día con día, devastado por la costumbre de ver a mi espejo y encontrarme sólo a mí. Luego vino otro príncipe. Luego otro. Luego un duque. De éste último no saqué gran cosa, los dos primeros, corrieron con peor suerte.

Ayer me levanté tarde, como de costumbre. Caminé perezozamente hacia el enorme espejo empotrado en la pared oculta... y lo encontré ahí, frente a mí, oculto en mi reflejo todo este tiempo. Le dibujé una media sonrisa con mis labios, y me sonrió con la misma cadencia de antes. Entendí entonces que me amó vacuamente... como sólo la gente rota sabe querer, como yo aprecio a mis príncipes sin el compás rítmico de un corazón que murió hace ya tiempo, y sin embargo, no podría haber en el mundo sentimiento más noble que ese: el de un ser que te quiere como puede, aún cuando no puede querer.
Lo ví ahí, tranquilo, pausado, de la mano con su destino... ahí, frente a mí, el corazón más roto de todos los rompecorazones.

sábado, marzo 11, 2006

...

Nació él bajo un sol eléctrico e impotente, con la lluvia artificial preñando los encéfalos. Pensé en bautizarlo con un nombre atípico y común. Atípico, mas no nunca nombrado. Común, mas no extranjerizado... porque los anglicismos, o las palabras que apenas recuerdo de mi trunco alemán son sello reconocible, y porque Kardott, Kuddram, Xendruce o Arián son muy yo. Atipismos de mi yo, cierto... pero quiero alejarme de momento de cualquier concepto de yo.

La odio. Pobre niñita idiota, común, de la media... que de repente juega a ser rara para jalar ojos ajenos. Sólo vive para engullir ojos ajenos..., era lo que me decía que le diría a la gente cuando preguntara por ella, que invariablemente pasarían por esa senda al preguntarle quién era él. Soy un maldito juguete esponjable, soy el espíritu protector de una inocencia vacua que se teje a sí misma, y el guardian todopoderoso sin voz ni voto en un contexto ajeno, que depende de ella. Tan idiota. Tan estúpida. Tan cotidiana. Tan humana.


Pero ella ya no necesita conejillos de felpa que velen por sus sueños. Ya no llora por las noches adivinando colmillos de luna reptando tras el armario, ni extraña con las arterias su colección de luciérnagas grises. Sólo comparte el vacío termoformado de su Ken de plástico, ese que su mentecilla solía traer a la vida como el príncipe virtuoso destinado a hacerla feliz, mismo que le dijo clara y quizá quebradamente que no fuera infantil, bajo el frío abrazo de una luna hecha a medias.

Pero ella no dejaba de ser infantil ¿Cómo dejar de serlo? ¡Soy una niña!
Quizá ya había dejado de serlo, solo que se negaba a escucharse. A ella le habría gustado ser como Lucy, como Angie... aunque huele en Angie un vacío termoformado similar al suyo (mira! mira! el mío es mas grandeeee!), y no podría ser como Lucy porque no era lo suficientemente gatuna como para torturar gorriones en el patio trasero de su escuela. Se necesitan porte y ojos felinos para que a la gente le intrigue. Indispensable. Si no, te colgarán una etiqueta de insanía y nadie se te querrá aproximar. En ningún aspecto.

El conejo de felpa tiene razón. Y aplica a las coincidencias que son demasiada coincidencia también.

Y Lucy se perdió en el país de los monstruos, golpeteando el vidrio del televisor para llamar la atención de esos padres que nunca la procrearon, mientras el monstruo de su armario le lloraba en soledad. Y Angie llenó de etnicismos su porvenir y desdeñó lo bello por sobre lo moldeable, jugando con plastilina extranjera despues de probar todos y cada uno de los dulces de la confitería.

Y si no nos quedan monstruos, porque no somos vómito sináptico de un escritor excéntrico... y no jugamos con plastilina porque no estamos en edad de hacerlo... ¿qué nos queda?
Un conejo de felpa que nos regañe como no hace mama porque está muy lejos.

Sí... un conejo...

miércoles, febrero 22, 2006

El tiempo no es una línea. Es un nudo.


Hoy pasé junto a él varias veces, algunas con indiferencia, otras tantas, viendo sin ver... que su cara transparente nada me dice, y su cuerpo, aferrado al sitio por inercia, es silencioso cómplice que no dirá qué causa le llevó ahí y, por supuesto, no responderá el por qué de la causa que ahí lo mantiene... misma que todos conocemos, conocemos de oídas, misma que a nosotros nos designará un lugar para siempre como a él, aunque no nos ofrezca pasividades de falso cristal, que bien tiene reservados para nosotros otros cromatismos. Él sigue aferrado a mi puerta. Quizá desee competir con aquélla que lleva vaya usted a saber cuantos meses aferrada a mi cortina... igual de vacía que él, igual de estática que él. Pero ella es vacía en todos los aspectos, y él, aún así congelado, es capaz de evocar sin querer evocar, que el querer le ha sido vedado, no sabemos si desde siempre, o desde "la causa". Y poco interesa. El punto es que evoca: jala recuerdos en sus ojos de abismo y su esqueleto de cristal.

Me hizo recordar el futuro en el que tenía dos amigos, un ejército de cabellos canosos invadiendo mi cuero cabelludo, y una ausencia de líquidos suplida por viscosidades que coexistian alrededor del Grietas, amigo queridísimo que vivía en la bañera, desahusiado desde que me cuenta el recuerdo, mismo del que no saqué mas que un diseño nuevo de insectos que jamás vieron luz comercial. Pero no nos desviemos...

En ese entonces, él nos veía con su cuerpo de araña desde el cementerio esparcido sobre los muros, multiplicando por millares sus ocho ojos, siendo los más viejos también los más blancos.
Tampoco entonces se movía, pero yo temí que, entre tanto miembro agazapado y osteoporísico, entre tanta piel caduca, entre tanta córnea albina, de repente se colaran ocho oscuras.
Y temí...
Temí por mis hermanas... que ahora eran mis hermanas, mis princesas.
Mujeres.
Y no las veía yo como mujeres, sino como hermanas.

Luego, el recuerdo se desvaneció y dejé mi masculinidad y mi vejez acompañarlo. Era joven y bonita de nuevo. Bonita en el sentido en el que cualquier joven de diecinueve años puede serlo si se le compara con un sujeto sucio y harapiento que ronda la vejez.

Me dí cuenta que lo seguía observando...




Creo que lo dejaré una noche mas, lo tiene bien ganado.
Si mañana no vuelve a evocar, le arrojaré a la basura.
Pero no hay alarma, que él evocará.
Siempre lo hace...